Viajes - Girona


Dicen, que para cultivar la mente creativa, una persona debe viajar, beber de otras culturas, oler otros aromas y experimentar nuevos sabores. Es por eso que me encanta viajar, porque de cada ciudad, pueblo o paisaje me llevo sensaciones nuevas que después me ayudan día a día en mi trabajo como diseñadora.

El último sitio a donde he dirigido mis pasos ha sido Girona. La verdad es que nunca ha sido una ciudad que me haya llamado mucho la atención, pero en uno de mis viajes a Barcelona me la recomendaron y os tengo que confesar que me llevé una grata sorpresa. 

Yo la definiría como una mezcla entre Toledo y Cáceres. Una ciudad monumental, de esas de las que te enamoras cuando recorres sus estrechas calles. He de decir, que lo primero que busqué en cuanto me bajé del coche fue la famosa heladería de Jordi Roca, Rocambolesc.


Inspirada en el universo de Willy Wonka, se creó para que el público pueda experimentar aunque sea un poquito los sabores que se manejan en el El celler de Can Roca.



Y sí, lo confirmo, es el mejor helado que me he tomado en mi vida, se nota que es natural 100% y el sabor es increíble. Lo mejor de todo es el precio, ya que es asequible por lo que cualquier persona se puede permitir experimentar este dulce capricho.



Otra de las cosas que tengo que destacar es la catedral de Girona, es una de las catedrales más grandes que consta de una sola nave. Dentro de este edificio inmenso, hay una exposición de vestimentas litúrgicas, lo cual, como diseñadora me interesó bastante.



Aquí vemos por ejemplo este vestido en terciopelo azul bordado con hilos de oro y plata.


Los colores dominantes utilizados por la iglesia han sido siempre los tonos rojos, púrpuras, dorado y plata. Esto es así, ya que siglos atrás, conseguir ese tipo de colores mediante los tintes era muy caro, por lo que sólo se lo podían permitir la alta sociedad y los grupos de poder. 




Otra de las cosas que me llamó la atención fue el recorrido de las murallas que rodeaban la ciudad antigua. El recorrido es idílico, un laberinto de escaleras que parecía que nunca iba a acabar. Ir descubriendo estos pequeños rincones poco a poco no tiene precio.


Por último, después de tanto andar, tocaba comer. Debido a la proximidad de Girona a Francia, había varias creperias por las calles.Esta me pareció de lo más original por la decoración. 

Espero que os haya gustado mi visión sobre esta ciudad. Para mí ha sido un viaje de lo más inspirador ;)

Lorenapanea

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