El ballet de una Diosa


Como amante del Festival de Teatro Clásico de Mérida y aficionada al mejor Flamenco que se crea en este país, no podía perderme la última oportunidad para ver la obra Medusa la Guardiana, el exitoso ballet flamenco protagonizado y dirigido por Sara Baras, una de las grandes.

Me podría poner aquí contando lo increíble que ha sido ver en vivo esta obra en uno de los teatros más espectaculares que he visto en el mundo. Me podría poner aquí diciendo que el Festival de Teatro de Mérida es una isla en el desierto cultural que puede llegar a ser Extremadura y que son obras como esta que hacen con que la región esté todavía en el mapa cultural de España. Me podría poner aquí diciendo que igual hay que “cortar la mano” a políticos corruptos o enchufados sin cualificaciones para hacer que este Festival de Teatro no acabe nunca.    
 
        
Pero no voy a decir nada de eso, porque ese es el trabajo de los periódicos y de las autoridades públicas.

Sí voy a hablar de lo que más me gusta: el fantástico vestuario de los personajes y que por cierto fue ideado por la propia Sara Baras. Ya se sabía de antemano del talento innato que emana esta bailaora en cualquier escenario, pero desconocía su buen gusto y aptitudes en el diseño.


Vivaz, rítmica y llena de sentimiento, una bailaora de Flamenco necesita una ropa que luzca todos sus movimientos, emociones y genere un espectáculo dentro del espectáculo. Y fue justo lo que Sara diseño y lució durante las 2 horas de ballet que pasaron volando.

En la primera parte de la obra los vestidos en gasa blanca y faldas de capa, nos recordaban a las diosas de la época romana. Blanco de pureza, blanco porque es la suma de todos los colores. El vestido de Sara era sencillo, actual y complementaba a la perfección todos sus movimientos. El vestuario del resto de las chicas del ballet nos lleva a recordar las togas y el vestuario de los romanos y griegos, aunque en una acertada versión que nos daba un contraste de capas con el color blanco como protagonista junto con el marrón.


También debo resaltar el atuendo de la diosa Atenea y Poseidón, perfectamente caracterizados pero con ese toque actual y versionado que Sara ha conseguido en cada una de las prendas.


Pero lo que a mi realmente me ha enamorado fue la segunda parte del espectáculo. La pobre Medusa, violada y desterrada se nos presenta con un vestuario digno de un espectáculo de este tipo. Un vestido negro con varias capas, salpicado de brillos en el mismo color y una capa inferior de color burdeos. El efecto de la prenda junto con la forma de bailar de Sara, nos introducía de lleno en el sufrimiento y la rabia del personaje condenado a un destino fatal por capricho de un Dios. Una experiencia increíble acrecentada con el resto del cuerpo de baile.


Fue un vestuario limpio, con clase en estado puro en el que menos ha sido mucho más y a la altura de su talento. 

Ingmar Bergman siempre transmitió la idea de que el Hombre (o la Mujer) solo podrán alcanzar la Salvación y la Eternidad a través del Arte.
Sara, una de las grandes, terminó arrodillada en escenario romano agradeciendo al público sus aplausos incesantes pero allí fue ella quién se hizo eterna, mientras que el público, común mortal, tendrá que contentarse con haberse sentido en el cielo durante un par de horas mirando a una diosa bailando.
 

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